
Rigoberto González
En comunidades indígenas tének de la Huasteca Potosina, una de las expresiones culturales más antiguas y simbólicas enfrenta un riesgo real de desaparecer, se trata de la Danza de las Varitas, un ritual ancestral ligado al ciclo agrícola, la gratitud por las cosechas y la relación espiritual con la naturaleza, cuya transmisión a las nuevas generaciones se encuentra cada vez más debilitada.
De acuerdo con un estudio antropológico publicado en la revista Antropología, que analiza la música y danza ritual en las comunidades de Tamaletom y Tanjasnec, esta manifestación forma parte del patrimonio cultural intangible del pueblo tének, el segundo grupo indígena más numeroso de la región Huasteca. Sin embargo, factores como la migración, la influencia de la cultura global y el desinterés juvenil han puesto en riesgo su continuidad.
La Danza de las Varitas se distingue por el uso de varas decoradas con listones de colores y cascabeles, que los danzantes portan en una mano, mientras que en la otra llevan un cuchillo ornamentado. Los movimientos corporales representan animales del entorno rural, como el tlacuache, el pato, el tejón y el tigre, acompañados por música interpretada con flauta de carrizo o violín tradicional.
Aunque comparte una base simbólica común, la danza presenta variaciones locales. En Tamaletom, se ejecuta principalmente como acto de agradecimiento por la cosecha, especialmente del maíz, y los bailarines utilizan gorros cónicos con franjas blancas y negras. En Tanjasnec, en cambio, se baila para solicitar o agradecer favores, con vestimenta blanca y detalles en rojo.
Especialistas advierten que, particularmente en Tamaletom, la práctica de esta danza es frágil: los grupos de danzantes se conforman y disuelven con frecuencia, y no existe un relevo generacional sólido que garantice su permanencia.
La preservación de la Danza de las Varitas representa más que la conservación de una tradición folclórica; implica salvaguardar la memoria, identidad y cosmovisión del pueblo teenek, así como su relación histórica con la tierra y la vida comunitaria. Su continuidad dependerá del reconocimiento local, el fortalecimiento cultural y el interés de las nuevas generaciones por heredar y mantener vivas las expresiones de sus ancestros.