
Rigoberto González
José Guadalupe Posada, excepcional pintor, caricaturista, grabador e ilustrador nacido en Aguascalientes en 1852, es una de las figuras fundamentales del arte mexicano.
Su obra, profundamente arraigada en el folclore popular, retrató con crudeza, ironía y genialidad la vida social y política del México de finales del siglo XIX e inicios del XX.
A través de litografías, caricaturas y grabados, Posada convirtió a la muerte en un espejo social. Sus célebres calaveras y escenas de ultratumba no fueron simples adornos festivos, sino una crítica directa a las desigualdades, la hipocresía y las contradicciones de su tiempo.
Su obra más conocida, la Catrina, originalmente llamada Calavera Garbancera, fue una sátira mordaz contra quienes renegaban de sus raíces indígenas para aparentar una identidad europea.
Con ella, Posada dejó una lección que sigue vigente: la muerte nos iguala a todos, sin importar clase o apariencia.
Posada influyó decisivamente en generaciones posteriores y fue reconocido como precursor del nacionalismo en las artes plásticas mexicanas por figuras como Diego Rivera, José Clemente Orozco y Leopoldo Méndez.
Sin embargo, su final fue tan duro como simbólico. Murió el 20 de enero de 1913 en la Ciudad de México, a los 61 años, en la más completa pobreza y soledad.
Velado por sus vecinos en Tepito y enterrado de forma gratuita en el Panteón de Dolores, sus restos fueron enviados años después a la fosa común.
El creador de tantas calaveras terminó convertido en una más.