Los pames conservan rituales ancestrales

Por Rigoberto González

En las comunidades pames de Agua Puerca y La Manzanilla, enclavadas en la sierra Madre Oriental de San Luis Potosí, persiste un sistema de creencias y rituales agrícolas que ha resistido siglos de evangelización, mestizaje y abandono institucional. Así lo revela una investigación antropológica realizada entre 2005 y 2006 por Hugo Cotonieto Santeliz, bajo la dirección de la doctora Neyra Alvarado Solís, en El Colegio de San Luis.
El estudio, titulado “No tenemos las mejores tierras, ni vivimos en los mejores pueblos… pero acá seguimos”, documenta por primera vez las prácticas rituales y la organización social que dan cohesión a este pueblo indígena del norte potosino.
La investigación concluye que el cultivo del maíz no es solo una actividad económica, sino el centro de una cosmovisión, es decir, una forma propia de entender el mundo. A través de rituales de petición de lluvia y agradecimiento por la cosecha, los pames fortalecen su identidad comunitaria, su relación con la naturaleza y su vínculo con lo sagrado.
Estas ceremonias no solo buscan asegurar la producción agrícola, sino preservar el equilibrio entre las personas, la tierra y las fuerzas que consideran superiores.
El estudio identifica a dos figuras clave: los curanderos (ga’uing) y los brujos (gatu’u). Los curanderos son sanadores y mediadores con entidades sagradas a las que llaman “animales”, como el Trueno, el Muerto y el Diablo, asociados con la lluvia y la salud. Los brujos, en cambio, se relacionan con la hechicería y el desequilibrio social.
En La Manzanilla, los curanderos suelen ser también jueces auxiliares, lo que les otorga autoridad civil y religiosa. En Agua Puerca, donde ya no existen curanderos propios, la comunidad depende de los de La Manzanilla para realizar rituales importantes.
La vida comunitaria se rige por un sistema de cargos, en el que los habitantes asumen responsabilidades civiles y religiosas sin remuneración. Estos cargos incluyen la organización de fiestas como el Día de Muertos y la Santa Cruz, mostrando la estrecha relación entre lo religioso y lo cívico.
El estudio también documenta un conflicto vigente: la existencia de dos gobernadores indígenas. Uno es reconocido por autoridades externas y la Iglesia católica; el otro, por las propias comunidades pames, evidenciando una disputa por la representación y la autonomía.
Pese a la migración, la presión institucional y la influencia de programas gubernamentales y religiosos, la identidad pame persiste. Aunque algunos habitantes ocultan sus creencias ante personas externas, en la vida cotidiana continúan recurriendo a curanderos y rituales tradicionales.
El título de la investigación resume este espíritu de resistencia cultural, retomando las palabras de un anciano pame: “No vivimos en los mejores pueblos ni tenemos las mejores tierras… pero acá seguimos”.
Este trabajo constituye el primer retrato etnográfico detallado de los rituales agrícolas y la organización social de los pames del norte de San Luis Potosí, y confirma la capacidad de los pueblos originarios para adaptarse sin renunciar a su identidad.