Pedro Rosa Acuña: el genio huasteco

Por Rigoberto González

Pedro Rosa Acuña, conocido como El Clarín Huasteco, fue el compositor del auténtico Querreque y una de las figuras más representativas del huapango huasteco. Nació en 1931 en la comunidad de Cuartillo Viejo, en el municipio de Xilitla, San Luis Potosí, donde desde muy joven mostró una profunda vocación por la música.
A los 12 años, su madre le mandó construir un violín de madera de pemoche, elaborado por el artesano xilitlense Agustín Hernández, conocido como El Huitlacoche. Con cuerdas hechas de tripas de tlacuache, aquel instrumento rústico le permitió a Pedro crear y ejecutar los huapangos que escuchaba desde niño en las calles de su pueblo.
De carácter introvertido, fue impulsado por familiares y amigos a presentarse por primera vez en un baile en la comunidad de Cruztitla. Aunque evitaba la vida pública, su talento como violinista y trovador le dio fama en la Huasteca Potosina e incluso lo llevó a participar en una gira internacional, sin que ello lo alejara de su amor por Xilitla.
A finales de 1963, con apenas 32 años, enfrentó serios problemas de salud. El 3 de enero de 1964, debilitado pero consciente, pidió su violín y tocó por última vez unos versos del San Lorenzo. Minutos después falleció. Al no registrar su obra, sus composiciones pasaron a dominio público, beneficiando económicamente a otros intérpretes, mientras su legado cultural permanece vivo en la Huasteca.