
Por Rigoberto González
Guadalcázar no solo fue tierra minera: también fue cuna de una de las páginas más singulares de la historia económica del México independiente.
En 1825, apenas cuatro años después de la Independencia, este municipio tuvo su propia Casa de Moneda, donde se acuñaron piezas provisionales ante la escasez de numerario y la urgente necesidad de mantener vivo el comercio en la región.
Esta moneda es mucho más que metal: es testigo de una época de transición, de ingenio y de resistencia económica. No solo servía para comprar y vender, también representaba autonomía y capacidad de organización en tiempos difíciles.
Cada pieza recuerda que Guadalcázar participó activamente en la construcción del país, desde el trabajo cotidiano y la minería, no desde los grandes palacios.
Pocas localidades en México pueden presumir haber tenido Casa de Moneda propia. Guadalcázar sí, y conservar estas piezas es mantener viva la memoria de un pueblo que, desde 1825, ya estaba haciendo historia.