Curanderos tének: un saber milenario en riesgo

 

Por Rigoberto González

Un conocimiento milenario que ha sostenido la salud física y espiritual del pueblo tének por generaciones está en peligro de desaparecer, se trata de la medicina tradicional practicada por curanderos y curanderas que sanan con plantas, rituales y oraciones padecimientos que la medicina moderna no logra explicar ni curar, como el “espanto” y el “mal aire”.

De acuerdo con la investigación realizada por Michael Gerardo Meave Saldaña, quien vivió durante meses en la comunidad de Tancuime del municipio de Aquismón como parte de su trabajo académico, el sistema de salud tének parte de una visión integral: la enfermedad no es solo un problema del cuerpo, sino un desequilibrio entre el alma, la naturaleza y la comunidad.
Un susto fuerte, la influencia de espíritus en lugares solitarios, la envidia o la falta de respeto a los cerros, ríos y a la tierra pueden provocar males que requieren un tratamiento espiritual.

El estudio documenta que los curanderos adquieren su don de distintas formas: por herencia familiar, a través de sueños reveladores o tras superar enfermedades graves que marcan su destino como sanadores, en su práctica utilizan plantas medicinales consideradas sagradas, como la “cruz verde” y el “tok’ té”, que no son vistas como simples hierbas, sino como seres vivos con poder para extraer el mal del cuerpo.

Los rituales de sanación, conocidos como “barridas” o limpias, incluyen el uso de ramos de plantas que se pasan por el cuerpo del enfermo mientras se realizan oraciones, se quema copal y se emplea aguardiente como ofrenda, el objetivo es devolver el equilibrio perdido y reintegrar a la persona a la armonía con su entorno.
Aunque en Tancuime existe un centro de salud, muchos habitantes acuden primero al curandero, sobre todo cuando se trata de males del espíritu, para los cuales la medicina convencional no ofrece respuestas.

Sin embargo, este sistema tradicional enfrenta amenazas crecientes, la migración de los jóvenes hacia las ciudades, el desinterés de las nuevas generaciones por aprender el uso de las plantas y la creciente dependencia de medicamentos farmacéuticos han reducido el número de personas dispuestas a continuar con esta práctica ancestral.
La falta de relevo generacional pone en riesgo la transmisión de un conocimiento que, hasta hoy, sigue siendo fundamental para la identidad tének.

La investigación no solo documenta una práctica cultural, sino que lanza una advertencia: la desaparición de la medicina tradicional significaría la pérdida de una forma distinta de concebir la salud, basada en el respeto a la naturaleza, la espiritualidad y la vida comunitaria.
Preservar estos saberes, concluye el estudio, no es únicamente responsabilidad de los pueblos indígenas, sino un compromiso colectivo para reconocer y valorar la diversidad de conocimientos que existen en México.